Un mundo sin dolor


En La sociedad paliativa, Byung-Chul Han recuerda a Nietzsche al afirmar: «El dolor y la felicidad son dos hermanos gemelos que crecen juntos o [...] juntos permanecen pequeños». Esta reflexión nos recuerda que los hombres y mujeres fuertes no nacieron así; se forjaron en los dolores del mundo. El aforismo «lo que no nos mata nos hace más fuertes» está en vías de desaparecer; el exceso de fármacos para erradicar todos los dolores, incluida la angustia de existir, promete un paraíso sin sufrimiento.

Esa es la marca de la sociedad paliativa dentro de la sociedad del rendimiento: una vida diseñada para un alto rendimiento, pero desprovista de dolor. Sin embargo, la exclusión de la negatividad impuesta por el dolor oculta sus aspectos políticos, así como la soledad humana, ahogada por el ruido incesante del éxito. Quizás algún día perdamos el recuerdo de que los dolores son señales reveladoras del fracaso de modelos sociales que no han funcionado en ningún lugar.

Por eso es necesario escuchar el dolor, entender lo que nos dice sobre un modelo económico basado en la producción y el consumo desenfrenados.

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